Muchos
dijeron tener la verdadera historia, pero los detalles íntimos del personaje
que le dio vida Chespirito fueron contados por su propio protagonista, en un
libro que no muchos conocen.
“El Diario del Chavo” es el texto que el artista escribió para detallar las aventuras de su más famosa creación. De hecho, revela que el verdadero nombre de su personaje es Rodolfo Pietro Filiberto Raffaelo Guglielmi, que coincidentemente es el nombre de Rodolfo Valentino, el primer latin lover de Hollywood.
“El Diario del Chavo” es el texto que el artista escribió para detallar las aventuras de su más famosa creación. De hecho, revela que el verdadero nombre de su personaje es Rodolfo Pietro Filiberto Raffaelo Guglielmi, que coincidentemente es el nombre de Rodolfo Valentino, el primer latin lover de Hollywood.
A continuación algunos pasajes del libro:
Sobre su padre, dice: “Yo antes pensaba que nunca había tenido un papá, pero luego mis amigos me explicaron que eso no era posible, que todos los que nacen es porque antes su papá se acostó con su mamá. Lo que pasó fue que yo no conocí a mi papá. O sea que nomás se acostó y se fue”.
Sobre su madre, el Chavo dice: “Conocí a mi mamá, pero nomás tantito. Como ella tenía que trabajar, todos los días me llevaba a una casa que se llamaba guardería, y ahí me la pasaba yo hasta que mi mamá regresaba después a recogerme (…) Un día no pasó a recogerme. Y los demás días tampoco”.
También relata su estancia en un orfanato, donde no estuvo muy contento: “La encargada principal era la señora Martina, la cual siempre estaba de mal humor y les pegaba a todos los niños. A mí una vez me sacó sangre de la nariz y luego se enojó porque manché mi ropa con la sangre”, narra el Chavo.
Más tarde escapó del orfanato y vivió en la calle en donde estuvo con niños en riesgo social, los cuales se drogaban.
Sobre su padre, dice: “Yo antes pensaba que nunca había tenido un papá, pero luego mis amigos me explicaron que eso no era posible, que todos los que nacen es porque antes su papá se acostó con su mamá. Lo que pasó fue que yo no conocí a mi papá. O sea que nomás se acostó y se fue”.
Sobre su madre, el Chavo dice: “Conocí a mi mamá, pero nomás tantito. Como ella tenía que trabajar, todos los días me llevaba a una casa que se llamaba guardería, y ahí me la pasaba yo hasta que mi mamá regresaba después a recogerme (…) Un día no pasó a recogerme. Y los demás días tampoco”.
También relata su estancia en un orfanato, donde no estuvo muy contento: “La encargada principal era la señora Martina, la cual siempre estaba de mal humor y les pegaba a todos los niños. A mí una vez me sacó sangre de la nariz y luego se enojó porque manché mi ropa con la sangre”, narra el Chavo.
Más tarde escapó del orfanato y vivió en la calle en donde estuvo con niños en riesgo social, los cuales se drogaban.
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El Chavo dice que lloró mucho cuando murió un amigo, y cuando se sentía en peligro o triste se escondía en un barril, que era un basurero.
También habla un poco de la mujer que lo recogió de la calle y lo llevó a la vecindad: “Le temblaban mucho las manos (a la anciana con la que llegó a vivir en la vecindad, en el departamento 8). Ella siempre decía: ‘Dios tendrá que hacerme el milagro de que alguna vez me dejen de temblar las mano’. Una vez llegué a la vivienda y me di cuenta que ya no le temblaban las manos; y ella toda estaba quietecita, quietecita. Creo que la enterraron al día siguiente”.
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